Month: September 2014

Piratas y Universales eso somos

“Piratas y universales: eso somos” Entrevista hecha por: Hernán Herrera.  El nacional 3 de agosto de 1996 tomado de: Cabrujas, José Ignacio, y Leonardo Azparren Giménez (ed). José Ignacio Cabrujas Habla Y Escribe. Tomo II ColeccióN Papiros Serie Recorridos, 2012. pp. 131-145.

“Exactamente un mes y nueve días antes de esa partida última que no logró rehusar, José Ignacio Cabrujas concedió esta entrevista, hasta hoy inédita. Concebida como una conversación sobre el tema de “identidad y cultura”, realizada en medio de las prisas y el bullicio de un ensayo teatral, Cabrujas se extendió en ella hasta dar, generosamente, lo que quizá fueron sus últimas apreciaciones sobre la realidad del país.

 HC: ¿Existe o no una “identidad del venezolano”

JIC: No, porque los venezolanos nos caracterizamos –no de ahora: de toda la vida- por ser un pueblo sin ninguna identidad. La identidad de los venezolanos es que no tenemos identidad. Y la característica de los venezolanos es que no tenemos características. Yo pienso que al contrario los venezolanos somos un pueblo inconscientemente universal, uno de los pueblos más universales del mundo. Un francés es solamente francés, pero un venezolano es de paso francés, entre tantas cosas que puede ser. Los venezolanos son idénticos, a menos que nos dé por reconocernos porque comemos arepas o cosas superfluas. Son problemas de minucia gastronómica que, si usted las analiza un poquito adentro, se dará cuanta de que tampoco son muy exclusivas nuestras ni proceden de una inventiva nuestra. Los venezolanos siempre hemos usado el mundo entero, toda la vida. Usted tiene que plantearse una cosa: que esto que nosotros llamamos el territorio de Venezuela es una cosa de hace muy poco tiempo, una cosa que comenzó políticamente en 1777. Si usted le hubiera preguntado antes de esa época a un habitante de esta zona si era venezolano, no hubiera sabido de qué le estaban hablando.

 HC: En otras palabras, no es que hemos perdido la identidad, sino que no la hemos tenido nunca. ¿Qué tan grave puede ser eso?

 JIC: No la hemos tenido, yo diría que gracias a Dios. Nunca hemos tenido identidad. Eso nos permite a nosotros ser lo que nos dé la gana de ser: no tenemos culpas en el pasado, ni tenemos nada que respetar. Eso una maravilla en un pueblo, si se sabe interpretar bien, si no se ve como una desgracia. Aquí hay gente emperrada en ver eso como una desgracia, cuando al contrario eso es una gran virtud de un pueblo; un pueblo que diga, bueno yo soy lo que me dé la gana de ser, a partir de cualquier momento.

HC: ¿Y hemos sido capaces de serlo, de ser algo, cualquier cosa? 

JIC: En momentos, lo hemos sido. En momentos, nosotros hemos hecho acciones positivas. Somos un pueblo que ha progresado como pueblo. Vamos, yo he sentido eso mi vida, ¿no?, o sea, yo soy un hombre que ya tiene edad suficiente como para poder hablar de un pasado. Y, vamos, la Venezuela de hoy es muchísimo más sensible, muchísimo más preparado que la Venezuela de hace treinta años. Eso es evidente. Que todo eso lo podamos cuestionar mucho, diciendo que eso ha sido por un mero desarrollo económico que nos cayó del cielo, el petróleo, como una cosa un poco mágica dentro de la sociedad venezolana, en esa parte es verdad, pero eso entra en las preocupaciones que yo tengo con el sentido de identidad.

 Fíjese si nosotros tenemos una crisis al respecto, y es que nosotros, que somos un país petrolero- eso es lo que nosotros somos-. Nos negamos a reconocer eso. Los venezolanos tenemos una vergüenza de la cultura petrolera. Y a nosotros nos han metido un cuento agrícola, como si ser petrolero fuera como ser pecador, y el campo es lo que regenera, porque es la riqueza hecha con el trabajo, que tú siembras una semillita y sale la matica y todo. Venezuela es un país que agrícolamente tiene potencialidad, pero no comparable a la que tiene Colombia , por ejemplo; no comparable a otros países de Suramérica. Nuestros campos no son tan fértiles como pueden ser los que tienen los chilenos, por ejemplo. Nuestra agricultura no tiene ese nivel de desarrollo.

 ¿Por qué nosotros tenemos una inmensa crisis de desarrollo? Porque nosotros no entendemos hacia qué nos desarrollamos. Porque a usted le dicen: hay que desarrollarse. Inmediatamente la pregunta que usted tiene que hacer es “¿Qué?” O sea, en qué consiste eso. Porque a lo mejor, si usted se va a vivir ahora a una selva, supongamos eso, y se queda el resto de su vida viviendo al lado de un río, a lo mejor usted se siente feliz. A lo mejor usted puede decirle a la gente, con enorme propiedad: “Yo me he desarrollado y pobrecitos los que viven en Nueva York”, por ejemplo. Yo vivo aquí mucho mejor que en Nueva York. Porque es una concepción espiritual que usted tiene del desarrollo. Usted se desarrolla en cuanto obtiene aquello que usted considera que lo hace evolucionar.

 Ahora, ¿cómo queremos desarrollarnos? ¿Cómo los gringos? Hay personas que creen que nos vamos a desarrollar porque vamos a producir automóviles, por ejemplo. A lo mejor es estúpido eso. A lo mejor no necesitamos estar produciendo automóviles. A lo mejor, como me decía un día Hans Neumann en una conversación –mira que me sorprendió eso-, a lo mejor nosotros haríamos mucho más con sembrar parchita, por ejemplo, que con construir automóviles. A lo mejor representaría eso mucho más dinero, muchas más potencialidad.

 Quiere decir que nosotros hemos instalado una concepción de desarrollo que yo personalmente ubico en la época de Betancourt. A Betancourt se le ocurrió, en un afán nacionalista, crear esa política que se llamó de sustitución de importaciones. Que en el fondo es que los Diablitos Underwood, que son un patente norteamericana se hacen aquí también. Si eso es desarrollo, yo no sé qué soy yo., entonces. Porque eso no es desarrollo.

 Desarrollo no es que usted haga diablitos Underwood, y que usted considere que ha avanzado porque ya no importa los diablitos de Estado Unidos sino que los produce aquí mismo. La pregunta que debería hacerse es si usted le parece que es una escala de desarrollo. Hay personas que sí. Hay personas que no, que consideran que comer diablitos Underwood es retroceder en una escala de desarrollo. Y que mucho más importante sería comer mango que diablitos. O más sensato, ¿no?

 Entonces, ahí está el problema: en que el modelo de desarrollo que a nosotros nos han metido, como pueblo subdesarrollado, es “comprarle la idea al amo”, o sea, al desarrollado. Es decir, nosotros seguimos siendo una cultura que imita a la metrópolis, igual que lo fuimos en la Colonia. En la Colonia imitábamos a los españoles, que eran la verdad. ¡Madrid, Sevilla!, donde esta la verdad. Ahora no imitamos a los españoles, pero imitamos a los Estados Unidos, por ejemplo. Entonces, si los Estados Unidos comen perros calientes, bueno, ¿cómo no vamos a comer hamburguesas? ¡Cómo no vamos a tener McDonald´s! Bueno, yo creo que los pueblos desarrollados le ensañan a los pueblos infradesarrollados la imitación. Como Estados Unidos en lo que está interesado es en vender McDonal´s, entonces Estados Unidos dice: “desarrollo igual a McDonald´s”. Y nosotros, como unos pendejos, bueno, McDonald´s ¿no? Y así McDonald´s se enriquece.

 La tierra prometida

 HC: De un tiempo para acá prolifera, al menos en los carros ya que no pasa en las personas, un cierto fervor “patriótico” muy sui generis, que se expresa en la fiebre de las banderitas. ¿Tendrá eso alguna validez para contrarrestar esa cultura de la imitación, par lograr un desarrollo por lo “propio” y autentico?

JIC: Eso es otra cosa postiza, porque es completamente simbólica que no obedece sino a un problema de patrioterismo. No, yo creo que desarrollo es, básicamente, un problema de confort personal. Es decir, cuando tú dices: ¿cómo quiero yo vivir? Yo no te digo pobre; no, eso puede costar millones a lo mejor. A lo mejor como tú quieres vivir cuesta cincuenta millones de dólares. El problema son tus razones, que tú me digas: yo no quiero tener 50 millones de dólares porque quiero tener esto, esto y esto, que me hace a mí feliz. Entonces, ¡bravo!, ¡dale! Es decir, allá tú, pues. Consíguelo. Haz el esfuerzo.

 El problema es que no tenemos una noción de bienestar en el país. ¿Qué es lo que nos hace ser felices? ¿Cómo nos divertimos? ¿Qué hace un venezolano cuando va a la playa un domingo? A mí me parece una cosa miserable, verdaderamente, lo que nosotros hacemos. No sabemos qué hacer. Nos divertimos haciendo unas cosas que a mi criterio son como fatigantes, más bien. Como, lejos de descansar, una cosa fatigosísima. No hay peor cosa que hacer un sancocho en la playa: es una cosa agobiante, un esfuerzo brutal, espantoso. La gente después tiene que dormir, desesperada del esfuerzo inmenso que eso conlleva. No sabemos vivir bien. No.

HC: Cada tanto tiempo, desde aquel célebre eslogan de “Compre venezolano”, se realizan en Venezuela campañas publicitarias dirigidas a exaltar lo que supuestamente es “lo nuestro” ¿Qué papel desempeñan esas campañas?

JIC: Yo pienso que, obviamente, toda sociedad tiene que recomendarle a sus habitantes que desarrollen la productividad que esa misma sociedad genera. Es importante que los venezolanos compren venezolano, eso es indiscutible. Igual que es importante que un sueco compre sueco, y un alemán compre alemán. Al venezolano poco se le dice, cuando se le refiere a eso. El venezolano tiene cosas que ama y cosas que usa porque sí, sin preguntarse. Meramente las usa imitando algo que ni siquiera él sabe que imita. Costumbre, práctica, uso. Es como nos vestimos, es como somos. Entras a una casa venezolana y a lo mejor encuentras un mueble sueco y una lámpara newyorquina y un reloj inglés… y eso es Venezuela. Siempre hemos sido eso. Y eso no debe preocupar. Eso es una maravilla, que un pueblo sea pirata, que piratee el mundo. Porque en el momento en que este pueblo encuentre esa raíz, ¡ah, esto va a ser una maravilla! Porque nosotros tenemos una gran batalla ganada, que es que a nosotros no nos sorprende nada.

HC: ¿Dónde estaría esa raíz? ¿En la capacidad de soñar el futuro?

JIC: Sí, el futuro. Porque la identidad no está en el pasado, la identidad está en el futuro. Esa es la lección que yo creo que te da Estados Unidos como pueblo. ¿Por qué Estados Unidos es un pueblo grande? Porque es un pueblo que nunca vivió en pasado. Estado Unidos fue siempre concebido por sus ocupantes como el promise land, la tierra prometida. El que llegó allí, entre 1600 y 1700, llegó, escapando de un horror, a una liberación. Y entonces dijo: vengo aquí porque aquí es la libertad, y entonces aquí yo voy a construir la vida, y qué bello es esto donde yo voy a estar.

 Y por eso Estados Unidos nunca le preguntó a nadie: de dónde vienes tú, ni quién eres tú, ni cuáles son tus costumbres. Había judíos, había polacos, había alemanes, había la tinos, había de todo. Entonces los Estados Unidos crecieron hasta que sintieron orgullo de un logro. Y entonces usted le pregunta a un gringo sobre el pasado, y puede ser que el gringo ame la música country, puede ser que recuerde esto y lo otro, pero en realidad los gringos tienen muy poca memoria de sí mismos. Y eso es fabuloso: ellos no tienen memoria porque lo que tienen es futuro.

 En cambio, en Venezuela hay quien está desesperadamente tratando de convocar a los venezolanos, como si nosotros alguna vez hubiéramos sido un gran pueblo, que de pronto perdió la brújula y perdió el norte. Eso se quiere ubicar aquí en la época de la Independencia. Se quiere decir que nosotros en la Independencia éramos una nación de titanes y de tipos… Y ese es un concepto militar, meramente. Hubo un ejercito y unas circunstancias políticas que hicieron que ese ejército llegara hasta Perú y Bolivia. Eso no hace a esos venezolanos mejores que los de hoy. No somos inferiores a lo que éramos. Somos un pueblo que ha hecho su vida: no la que deseamos , a lo mejor no la más inteligente que podíamos haber hecho, pero no nos podemos comparar con la época de Guzmán Blanco. Sería un crimen contra nosotros mismos.

 Es decir, reconozcamos que, por ejemplo el doctor Gabaldón acabó con el paludismo; oí hablar, no me tocó, pero yo oí hablar de lo que era una endemia de paludismo. Vamos, era un país feo, ¿no? En verdad, un país que dependía de un mosquito. Y eso incurable. Un país de gente chiquitica, de estatura chiquitica, macilenta. Entonces, hoy en día no somos eso. No. Yo tengo una cisión pesimista del país. Creo que hemos cometido cuanta estupidez puede cometer una nación. Y todas, las que nos faltan todavía. Pero bueno, algo ha pasado.

 Crisis de malcriadez

 HC: Se ha dicho que, con todas sus deficiencias, el llamado período democrático al menos permitió, por primera vez, que la gente dejara de matarse entre sí y se pusiera de acuerdo “para repartirse la torta”. ¿Qué pasa que ahora los venezolanos no somos capaces de ponernos de acuerdo para nada?

 JIC: Que ya no hay torta mucha que repartir, sino una torta que ahora es chiquitica. La tortica ya empezó a no dar, y hay mucho comensal y menos torta. Ahora el país se ha vuelto una empresa, una empresa difícil, por primera vez. Y esto es lo que nos tiene a nosotros consternados. Nosotros estamos viviendo una crisis de malcriadez. Somos una nación malcriada. Como el niño rico, que de repente le dicen: mira, chico, se acabó la cosa, y ahora tienes que trabajar y ponerle y hacer tu vida. Y entonces no sabe. Claro, eso no tiene que se desalentador. El niño rico puede aprender. O el exniño rico. Puede aprender. Pero lo que nos está ocurriendo a nosotros es una crisis de malcriadez. Mira la gasolina: eso es una cosa malcriada. Si un presidente, un señor viejo y veterano, como se dice del doctor Caldera, tiene que esperar año y medio para colocarle a la gasolina un precio más o menos legítimo, ¿qué es lo que nos está demostrando? En primer lugar, bueno, una altísima dosis de demagogia, una inmensa dosis de demagogia, pero a la vez una inmensísima inmadurez. ¿Por qué? Porque este es un país que no está acostumbrado a recibir malas noticias. Sino que aquí estamos en una piñata permanente. Aquí nos invitaron a una piñata desde el año cincuenta y pico. Y la piñata no ha terminado todavía. Pero la piñata ya toca su fin. Hay que volver a la casa y hay que seguir con la vida.

HC: Ese optimismo suyo ¿alcanza frente a tales condiciones para creer en la posibilidad de que, alguna vez, pueda el país ponerse de acuerdo para crear un sueño, un plan, una estrategia que lo saque del marasmo?

JIC: No, no es un sueño fácil, ni es algo que podamos liberarlo a la fantasía. Evidentemente nos va a costar mucho. Pero yo, y sin la menor demagogia digo esto: a mí no me gusta adulara a la juventud, porque me parece una idiotez; yo no admiro a los jóvenes por ser jóvenes, yo admiro a los seres humanos. Si tú eres joven y talentoso, y si hay jóvenes talentosos, me da igual, ¿no? Es decir, yo no admito que la juventud sea un estado, ni mucho menos. Sin embargo, aquí ha ocurrido un cambio que era lógico que ocurriera. Con todo lo que se ha gastado en este país, que han sido cifras que verdaderamente no caben en ninguna computadora, como diríamos de la migaja de lo que se gastó, que cayó, hay una generación de venezolanos mejor preparados con acceso a más fuentes de conocimiento, menos brutos y menos balurdos que los venezolanos anteriores, que evidentemente tienen otras maneras de vivir, de asociarse, de conversar, de entender la vida. Yo creo en eso. Y lo creo porque lo he visto.

Pero la tragedia que es que a este país lo esté gobernando un hombre como el doctor Caldera ahorita, pies eso sí es trágico para mí. Puede ser una gran desilusión que yo tengo. Porque Caldera, si hubiese sido un hombre sensato, hubiera hecho una cosa estupenda en la historia, que es haber dicho: “Denme el poder por año y medio”. Estilo Velásquez Si en lugar del viejito Velásquez hubiéramos dicho: “Doctor Caldera, usted se queda ahí año y medio, ¿qué le pedimos a usted que arregle?” La crisis institucional. Que usted apacigüe al sector militar, que se siente con los sindicatos y con los banqueros.

Caldera no tiene un plan económico porque él es demasiado altanero y demasiado poseído de sí mismo para escuchar a alguien. No oye. Él se oye a sí mismo. En materia de economía y en materia de Política Caldera se quedó, pues, donde se quedó su generación. El mundo ha pasado y Caldera no sabe lo que ha pasado en el mundo. Entonces él pretende gobernar al país diciendo: “Aquí estoy yo, y mi sola presencia arregla todo”. Eso es lo que él ha hecho toda la vida. Pero, claro, cuando el doctor Caldera tenía cuarenta o cincuenta años,. El mundo se le parecía. Pero, ahorita, ya el mundo no se le parece. Caldera no tiene la menor sensación de realidad. Ustedes se imaginan si nosotros tenemos que soportar ¡tres años y medio! Porque es inevitable que nos lleven parar atrás, para su época; no nos pueden llevar para adelante. Bueno, pues, una tragedia. Yo no le encuentro salida. Dicen que la Constituyente, pero…

Algo me ata aquí

HC: Pareciera que, más que no creer en el o los gobiernos, el venezolano no cree ya en nada. ¿Será eso lo que ahora nos identifica, el sálvese quien pueda?

JIC: Es una crisis. Estamos en el ojo del huracán, en plena crisis. Ojalá eso no nos tape la mirada. Es como cuando tú tienes en la vida una gran depresión: el mundo lo ves cerrado. A lo mejor, un rato más tarde dices: “Bueno, no era tan grave, ¿no?” Encontraste una salida. Eso que le pasa a los organismos humanos le pasa también a la mente de la sociedad. Ahora estamos nosotros en un momento altamente depresivo. Nuestras expectativas, muchas de ellas ilusorias, han sido suspendidas. Y eso en pequeñas atmósferas: cada uno tiene aquí un conflicto, que a todos nos parece vital, de acuerdo a como lo vivamos.

Yo soy un consumidor de música clásica. Toda mi vida lo he sido. Un fanático de la música clásica, de la ópera. ¿Dónde compro yo eso aquí? Ya no lo hay. Algo me afecta, ¿no? Entonces yo podría decir en este momento: yo no quiero vivir en un país donde yo no esté informado de lo que está pasando en la música clásica en Londres. Y yo tengo derecho a decir eso. No es frívolo que yo lo diga. Puesto que si eso me ha producido enorme placer, enorme satisfacción, intensas emociones en mi vida, eso es tan importante como un vaso de leche. Más todavía. Entonces, si la sociedad no me lo da y antes me lo daba, yo caigo en un estado de crisis. ¿Cómo lo puedo resolver? Con un sentimiento ético. Tiene que haberlo. Tengo que llegar a mi casa y decirme: “José Ignacio, ya no hay más, pues”. ¿Y qué le vas a hacer? ¿Me voy a Londres a vivir? No. Yo no lo haría. Algo me ata aquí, porque si no me habría ido. Yo no podría trabajar en cualquier parte de habla hispana, digamos. En España, pues. De echo me lo han propuesto muchas veces. Pero…

HC: Pero no es ese el sentimiento de las mayorías. Por primera vez, la emigración comienza a ser un anhelo colectivo.

JIC: Yo creo que Venezuela está ahorita tan mal, en un momento de tanta crisis, que el sistema político ya entró en barrena, en un proceso degenerativo muy, muy fuerte. Aquí viene un criterio de Gobierno nuevo, en poco tiempo. Usted ve fenómenos como el de Irene Sáez, y no son gratuitos. No Irene Sáez es la antípoda de lo que se podría pensar, en Venezuela que pudiera constituir una acción política, un político. Una chica bella, miss. Figúrese, veinte años atrás, que una persona con esos créditos en la vida hubiera intentado un cargo público. Cuando llegó Irene Sáez a la Alcaldía de Chacao, todos, incluso este servido en su ambiente familiar –yo nunca lo escribí-, hablaron horrores, pestes de Irene Sáez. ¡Esto es el colmo, una tipa con una carita y más nada! Bueno, pero ha hecho un gobierno efectivo. Por ahí dice la gente: “Es que tiene mucho dinero”. Bueno, sí, pero otros también tenían dinero y no hicieron el gobierno que ella hizo.

 Entonces, ¿a dónde va Venezuela ahorita? A una sensación de convertir el poder no en una “empresa histórica”. Eso es lo que nos tiene a nosotros fastidiados: el que aquí cada gobernante sienta que está protagonizando la historia. Y son eras, etapas que comienzan. Viene Lusinchi y persigue una era; Pérez, una era; hasta el pobre Herrera, una era. A lo mejor es que nosotros empezamos a descubrir que los gobernantes no tienen por qué hacer eras, sino que son unos simples señores que están ahí, a los cuales nosotros les tenemos que pedir eficacia, probidad –desde luego- y modernidad. Y no les tenemos que pedir rendiciones históricas, momentos sublimes. Esta cosa estilo Fidel Castro es la que nos apabulla.

Pero por lo menos usted ve a Fidel Castro…, caramba, es una era ¿no? Es verdad que es un hombre que le dio una voltereta a un país. No juzguemos, per es antes y después. Eso no hay duda: volteó un país. Un hombre que hizo una proeza, una figura histórica. Usted no puede explicar el siglo xx sin Fidel Castro. Usted dice: veinte personas del siglo xx Fidel Castro es una. Pero usted puede explicar perfectamente el siglo xx sin Luis Herrera Campins, es totalmente prescindible. Es decir, no creo que figure en la Enciclopedia Británica, ¿verdad? Pero el grave drama es que, cuando llega al poder, Herrera Campins se siente Fidel Castro.”

las negritas son nuestras Firma: la multitud del pueblo pirata

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Lo poPular

Preguntamos ¿qué es lo popular en Venezuela? y nos da por pensar en el desfile bicentenario de la independencia venezolana, y aquel gran mosaico de lo popularoso, de la fascinación por lo “popular” esa celebración del interior invadiendo la capital al mejor estilo de “Un llanero en la capital” de Daniel Mendoza. Lo popular está quizás mal entendido, la cultura quizás, tradicional, local se mimetizó en un intento de la Venezuela democrática, esos cuarenta años de experiencia prechavez, donde la cultura estaba relacionada en un gesto de integración al “progreso nacional” a todas esas representaciones de los giros de Timotes, el galeón margariteño, los timbales de San Benito en los alrededores del Lago de Maracaibo, los carnavales de Carupano, la cruz de mayo, Los Diablos de Yare, los Yanomamis de Amazonas, los coleadores de Guarico, los llaneros cantando cantos de ordeño en tonadas de Simón Díaz, maracuchos cantándole gaitas a la Chinita…  todas representaciones locales que confirman un ideario nacional trastocando el sentido de lo tradicional por lo popular. Si pensamos en lo popular como algo más pop, no pienso en Warhol, sino la canción “Taboga” cantada por Oscar de Leon sonando en plena rumba dentro del prostíbulo de “El pez que fuma (1976) película de Román Chabould; en Servando y Florentino dando una vueltita meneando las caderas cantando “De sol a sol“; en Gilberto Correa y Maite Delgado siendo presentadores del Miss Venezuela; en Amador Bendayan presentando a Michel Jackson en Sábado Sensacional; el derrotado golpista Teniente Coronel Hugo Chávez diciendo “por Ahora”. Lo popular, eso que la radio y la televisión fijó en el imaginario colectivo otorgando una representación más doméstica, más íntima, más propia sin el desparpajo y el disimulo de hacer del líquilíqui el arpa, el cuatro y las maracas Lo Venezolano, lo popular, la impostura absolutamente desconectada de la realidad. Como si la nación tuviese una conexión real con unos símbolos endebles e insostenibles: un himno que suena a canción de cuna, un escudo representación terrena del paraíso y una bandera producto de un romance de Miranda con una Catalina II de Rusia. Esa normalización de lo popular como algo que “esta por celebrarse” como dice Cabrujas, entra en a agenda del Estado como una presunción necesaria para imponer una voluntad de verdad que apela al sentir del cuerpo nacional, esos pobres hombrecitos que se disfrazan para recordar algo que solían ser antes de que el petróleo apareciera y arrasara con todo… Esa nostalgia obligada por volver al conuco y a la cofradía deviene en dispositivo de control estatal que aleja a los venezolanos de sí mismos y no les permite nombrarse ni representarse en su total dimensión, el templete, la feria patronal, el desmadre, la hora loca, la celebración del matrimonio, quince años, bautizo, primera comunión y pare de contar cualquier motivo de celebración. Después de los tragos cuando los tíos más serios empiezan a sobar a las amiguitas de las sobrinas y las tías empiezan a desmadrar de sus maridos. Taboga, ese bolero lentisimo interpretado por La Dimensión Latina en la voz de Wladimir pero que no puede sostenerse en tanta seriedad, tanto rictus obligado y Óscar D’Leon entra para “republicanizarlo” para hacerlo venezolano, gritos, rochela, y mamadera de gallo, como si fuese imposible sostener la tristeza, soportar el desconsuelo, acumular la nostalgia. Del llorón “Taboga, Taboga mía, ya no te puedo olvidar” se pasa al alegre despechado que celebra la desgracia, como si no hubiese otra forma de vivir, como alegre de saberse tomado por la falta, por la ausencia del objeto deseo, no hay espacio para guardarse, no hay cabida al ahorro, es incontenible la celebración el desparpajo, el chiste. Parece ser que la manera de disminuir la carencia es asentándola, exhibiendo la falta, sobredimensionarla, celebrarla hace que lo que no está exceda su significación generando grados nuevos para nombrarse, haciendo del sentir eso que la lengua parece no alcanza decir. De igual manera, lo popular ha sido ordenado como algo que dice poco de lo que somos, codificando un imaginario que en tanto que se muestra como institución cultural deja abierta infinitas posibilidades para desmontar el cursi discurso del Estado protector y propulsor de lo venezolano, acentuando las diferencias, relegando a zonas opacas los estados del sentir de la nación que esperan un desliz, la aparición de un síntoma, un gesto para gritar eufóricos hasta el paroxismo, borrachos de alegría por el desconsuelo “Taboga, Taboga mía ya no te puedo olvidar” y exhibir la carencia, la falta, eso que excede la lengua y no disimula. 

Quizás el mejor ejemplo de esto que intentamos explicar esté condensado en el video de la canción “La vida mejor” de la Vida Boheme (reproducir video abajo); donde se muestran escenas de la cultura poPular venezolana mientras la canción habla con la lengua rota de los jóvenes migrantes. Hay un tono de entrega voluntaria hacia el desarrollo de una vida que necesariamente no deba ser interrumpida por la nostalgia de quien se va. Este tono melancólico es sostenido hasta el coro del “como no voy a llorar” que parece contener la materialidad sónica del “se sufre pero se goza”. La aparición de la comparsa de bailarines, la representación del miss Venezuela y la entrada de los instrumentos de metal produce una escenificación de la rochela que jamás nos permite terminar la rumba. Aunque el país ya no dé más para el disfrute y haya que migrar la fiesta tanto como la pena se lleva por dentro. De repente, en las últimas escenas del video en pleno apogeo coreográfico, antes de que se acabe el show, se vienen a la mente escenas de miles de jóvenes venezolanos cruzando el puente de cualquier puerta de embarque que los monta en un avión para vomitarlos en cualquier lugar del mundo. Gente nacida y crecida en Venezuela que más que nada se llevan lo que han visto y lo que han oído. Y se repiten una y otra vez sonriendo “cómo no voy a llorar/ cómo no voy a llorar/ cómo no voy a llorar/ si tú te vas”.

firma: la multitud del pueblo pirata

La Patria es el hombre

¿Para qué tumbar estatuas y cambiar nombres si nos meamos en sus pedestales y transamos negocios truculentos?

ofrenda

ofrenda

Libertador, espalda

somos los esclavos de un tipo llamado Simón Bolívar alias el Libertador.

celebratorio

repartiendo

caminando

se va…

que hablen las estatuas
Firma: la multitud del pueblo pirata
“Claro que esa canción tiene enemigos,
coño y si no los tuviera, igual la cantaría”
Ali Primera

hágase bolivaYano – tres horas

El ministro

Ya llevaba más de un mes de luto la congregación y no era tanto por la pérdida de uno de los hombres más comprometidos de la comunidad sino por la repartición de responsabilidades que acarreaba un evento tan imprevisto como la muerte. Aunque se puede decir que se veía venir a simple vista -pero nuestra fe nos nublaba los ojos-. La creencia en la oración fuerte al Espíritu Santo no nos permitió disfrutar en pleno de las últimas horas del pilar más fuerte de nuestra hermandad.

En esos momentos me tocó uno de los trabajos más difíciles e importantes de la orden: la logística del rito semanal que nos unía en el regocijo espiritual. Me era un trabajo complicado por la nula preparación que tenía para el cargo, puesto que en vida el gran hombre de nuestra comunidad tenía esta función importantísima bajo su mando así como otras obligaciones de su mismo nivel. 

La última congregación que se llevó a cabo tenía como temática principal la representación de Sodoma y Gomorra. Esta idea vino del único de donde pueden venir estas ideas -claro está del eterno- y materializada en el pensamiento del todolopuede de nuestra sociedad. Él mismo me comentó que esta función la dividiríamos en dos ceremonias. Ya habíamos disfrutado Sodoma en su presencia y ahora, que no estaba, queríamos terminar con broche de platino este pequeño y último legado que nos había dejado.

Era el momento justo de hacerle el tributo a nuestro venerado y querido compañero. No había mejor forma para retomar sus ideas y continuarlas empezando que con la representación de Gomorra. Por el impacto que tuvo Sodoma y por la pérdida del ilustre, este ceremonía pintaba de gran importancia para subirle la moral a la cofradía y sobre todo para agasajar a los invitados internacionales.

Todo este evento estuvo muy improvisado pero el espíritu que nos movía era más grande que cualquier otra cosa. Además, el nuevo ministro estuvo muy voluntarioso porque no quería quedar mal ante las congregaciones hermanas que nos visitaban. No dejó ningún detalle al azar a pesar que no pudimos usar la vieja casona como era costumbre en estos festejos espirituosos. La familia del difunto aún no estaba lista para abandonar la vida sin su ser querido. Contrariamente, nuestros hermanos, estaban deseosos por empezar esta nueva etapa y poner en práctica todo lo aprendido en los años.

En fin… me tocó a mí ser el bastón del nuevo ministro -su pie de apoyo por así decirlo- como andábamos a tientas en la oscuridad; él necesitaba de mí en todo momento. Ya eran las once pasadas y todo estaba listo para comenzar “Gomorra” cuando sonó el teléfono. Él me mandó una mirada inquisitiva y enigmática, yo se la devolví en un menor grado y por eso me toco atender el teléfono. No respondí nada cuando hablaron desde el otro lado de la línea, solo me limité a tapar la bocina y decir: -Ministro es para usted, sé que no quería interrupciones pero debe contestar.

 El Ministro con toda la indignación del mundo tomó el teléfono y escuchó con espanto.

        –Jaua, coño, no empieces sin nosotros. Mira que estoy esperando el avión en La Carlota sabes que cuando viene de
Miami
la gente está hasta las metras; ya te llego con las cajitas de Cristal que me pediste.
        -Claaaaaaaaaaaaaro que lo esperamos, el torneíto de dominó no es lo mismo sin usted. La entrada esta noche es en                                                            
        kilos de verde traéte unos cuantos que vienen lanzando pura raboecochina. Dígale a Cilia que no se tome el Valium con
        Bling como cuando se monta en el helicóptero que esta Gomorra está gordota y tiene que amanecer con nosotros.
        -De booooolas, ya le dije que las cajitas espa celebrar a lo Formula 1, y como toda primera combatiente no se puede  
        marear haciendo el helicóptero jajajaja tú sabes jajajajaja
        -Tiene que ser baquiana. Apúrense para mostrarle la que me enseñó Maldonado para abrir la champaña.
        -Ese bicho nos salió más caro que las carajitas del Jerferson y del Mater. Mira, te dejo que ya llegó el avión con la vaina
        en ratico te caemos en la Lagunita, en un Mi-17 paque se caguen todos jajaja no digas nada.
        – Fueeeeeeeeeeegoooooooooo así si me lo van a respetar ¡CARAJO! 

 

Firma: La multitud del pueblo pirata

 

IV

hubo un tiempo cuando se podía ser gente por 500 reales
antes de los secadores los tintes y las planchas para el cabello
alguien supo nuestras ganas de no ser mulatos cuarterones torna atrás
y deste asco cochino de sudar en el trópico donde tuvimos la mala suerte de nacer
entonces dijeron vamos a darles un chance para joderlos más
y a la “multitud promiscual” (dígase que tiran que jode y que no creen en nadie) 
nos dieron el chance de comprarnos el color de piel con una “gracia a sacar” 
sí una gracia como cuando usted le cae bien a alguien
cualquier gestor hacía el trámite y en unos meses hábiles la “gracia” venía del rey 
y la gentecita que usaba mantillas para taparse los cabellos en la iglesia 
(léase mantuanos) se puso muy brava porque hábrase visto 
mulatos enrumbados con ínfulas de gran vaina

un país donde trabajar da pena y avergüenza
porque eso es cosa de mandinga en plantación y yo
yo no soy negro yo no soy mulato yo no soy tente en píe yo no soy salto atrás yo no soy 
/ wayú yo no soy guajiro yo no soy pemón
Mariano Picón Salas gracias
Arturo Uslar Pietri gracias
yo soy mestizo que es como decir todo y nada y huevos con tomate y cebolla y arroz con
/mango y tutifruti de koolaid
mestizo y no tengo voz ni voto y no soy de aquí ni soy de allá
y te canto regue regue regue regue regálanos tu voz a ver si yo puedo decir algo
por mí mismo
porque nos metieron en la licuadora de la historia donde el racismo no existe
somos tan chéveres y tan iguales que negro con bata es chichero
todo el que tenga rasgos indígenas es chino
y en cualquier sala de cualquier casa se plancha y seca pelo
al final todos nuestros problemas se acomodan es con real
algún día tendremos tanto billete que nos compraremos todo lo que exista
         t           o               d                                                                                                                            o
porque más nunca alguien me va a volver a ver feo
y si no tenemos plata aunque sea tendré el placer de verte falto
de toda esa paja loca que tanto te encanta y sabes cómo es la vaina
esta verga es mía y si no te gusta te vas
y bórralo
que tenemos patria

Angostura 1819
los ciudadanos se dividen en ciudadanos y no ciudadanos
ciudadanos mis panas chiquiluki como yo y los que me sigan
no ciudadanos el resto hasta que hagan real y sean alguien 
firma Simoncito el dueño desta tierra y me voy porque tengo que liberar Colombia
chao

Manuel Carlos Piar (1774 – 1817)
la plaguita esa
único mulato del alto mando del ejército libertador
general en jefe record en batallas ganadas
además extranjero
acusado de insubordinación sedición y conspiración
acusado de promover una guerra de castas
Bolívar lo ensalzó Cedeño lo agarró Brión lo juzgó
fusilado al costado derecho de la Catedral de Angostura
ahora Ciudad Bolívar
vamos a hacer pipí que tengo ganas de marcar mi territorio
desaparezco sus archivos y su cuerpo
adiós luz que te apagaste
como dijo no sé quién la historia me absolverá
y va diciendo por los caminos tú amigo soy yo yo soy tu amigo

entonces nos vienen a cantar y decimos sí a la esperanza y decimos sí a la unidad
mire usted podrá decir misa pero la verdad es que este peo
no se resuelve cantando vamos a decir verdades y que nos manden al cepo
que no es mito ni cuento para meterle miedo a los muchachitos
porque la sayona la llorona el silbón y el hachero
existen y matan como cuando la soplan mientras te la están mamando
y que nos digan tuki y que nos digan malandros y que nos digan que no tenemos cultura
para ponerte a bailar la conga en el puente desta nave
mientras te aplaudimos la maraca y resbalas hasta el fondo del mar
donde están los negreros que nos trajeron a esta tierra
donde la sangre nuestra hizo estallar las semillas del cacao más sabroso del mundo

mírame de lejitos y no te me acerques y si quieres te tapas la nariz porque huelo a fo
acepta que te gusta que te vuelves loco por tener lo que yo tengo 
porque soy feliz y no entiendes mi sonrisa alimentada por los siglos 
mi única venganza es verte ahí nadando entre tu mierda
revolcándote entre la frescura exquisita de la carne podrida el primer día de la muerte

donde tú vez sucio encuentro la belleza

brinca corre arráncate los cabellos
somos miles
como la legión no tenemos nombres porque nos vendieron
y para que le quede claro a tu cerebro remojado en cloro

yo    

    no  

         soy  

               un  

    m E s T i Z o
en la estructura jerárquica desta sociedad repleta de negaciones culturales
mis problemas no se resuelven envueltos en una hallaca
no tengo un peo mental en querer ser lo que no soy yo sé de dónde vengo
aunque la historia de los míos no se estudia en el colegio
donde enseñaron que blanco peninsular es más que blanco criollo y blanco de orilla y
/pardo y mulato y cualquier verga producto del desnalgue            
           Y
que negro e indio no son gente ni aprendiendo a leer con Mi angelito
como si esto fuera una clase de matemática de segundo grado donde 2+2 son 4 

han querido darle orden a este arroz con pollo salchicha y cubito quitándonos 
las ganas de ser de no ser de querer ser de tener ganas de ser algo que no se sabe qué es
porque a punta de mestizaje nos dejaron vacíos y todo lo que se haga es
malo cutre niche pobre chimbo marginal chaborro feo barriotero malandro

SAN JOSÉ IGNACIO CABRUJAS
“lo que me gusta no es legal
lo que me gusta no es moral
lo que me gusta no es conveniente
lo que me gusta es un error
Entonces
obligatoriamente
tengo que mentir”

de lo último esta perversión este goce en jodernos una y otra vez
para acusarnos a diario de ser venezolanos porque aquí nadie tiene la culpa
de ser esta cosa sabrosa que de tanto menearse a punto de suspiro
se censura y se disimula

mientras tanto levántate de la silla y ponte a bailar esto
quién ha visto un negro cómo yo quién ha visto un negro como yo
Firma: la multitud del pueblo pirata